sábado, 3 de febrero de 2007

Sinuosidades

—¡Ay!
—¿Qué te pasa? —pregunto sobresaltado.
—Nada, nada, es mi pelo. Es que si te apoyas sobre él me atirantas las raíces y me haces daño —responde Sofía con una sonrisa.
—Oh, perdona, no me había dado cuenta.
Apoyo los codos fuera de su melena y reanudo el vaivén mientras le chupo una oreja.
—¡Uh…¡, ¡Ah…!
—¡¿Qué?!
—Nada, nada, es que me haces cosquillas y no puedo concentrarme.
—Ah, perdona, no lo sabía.
Olvido la oreja y vuelvo a reanudar los envites mientras beso ardoroso su cuello delgado.
—¡Ay!, cielo, ten cuidado, no vayas a dejarme un moratón —me separa nerviosa.
—Tranquila, nenita, que no soy ningún vampiro.
—Ya, ya, pero lo mismo te emocionas y luego ya no hay remedio — me arenga limpiándose la humedad que le dejó mi boca.
La desmonto y me tiendo a su lado mirando al techo.
—Te has enfadado.
—No.
—Sí. Te has enfadado.
—Que no, que no estoy enfadado.
—Sí, sí que lo estas. Lo sé —ronronea mimosa mientras juguetea con mis pezones.
—No cielo, pero es que me desinflas continuamente. Siempre dices que necesitas más tiempo de caricias pero no sé por donde he de tocarte. Pareces una mantequilla.
—Perdona —susurra manoseando mi sexo que ladea a media hasta.

Me levanto y entro en el baño. Abro la ducha y dejo que el agua arrastre lo que queda de mis ganas. Cuando vuelvo a la cama la encuentro aún desnuda, insinuándose mimosa, pero yo sólo quiero dormir. La beso en la frente, le deseo un fraternal “buenas noches” y me acuesto dándole la espalda.
—No tengo sueño, tesorín —dice besuqueandome el hombro derecho.
—Pues no sé, cielo, ve al salón a leer un rato.
—No quiero leer. Quiero…, quiero… —su índice recorriendo sinuoso mi cintura.
—¿Qué?, ¿qué quieres hacer?, estoy cansado, cariño.
—Hace un rato no estabas cansado —responde con pucherito infantil
—Ya, pero ahora es muy tarde. Mañana he de madrugar —le digo arropándome hasta la nuca.
—Venga, hombre, pero si tu no tienes que hacer nada. Lo haré yo. Tú sólo déjate, ¿vale? —me dice con voz sensual arrancándome la sábana.
Miedo me da, pero la dejo hacer, como siempre.
Me coloca boca arriba y comienza a chuperretear mi cuello y mis orejas, yendo de una a la otra, observando en cada cambio si hay alguno en mi entrepierna. Yo sigo impasible y rígido como un bloque de hielo. Se afana entonces en mi boca, la lengua, el pecho, la hondonada de mi ombligo. Yo empiezo a flaquear. El pulso vuelve a descontrolarse y mi bandera a hondear orgullosa.
Ya ha tomado posesión de mi piel y de mi embolo. Sonríe victoriosa y cual amazona enfebrecida, agarra el mando y me galopa con su melena al viento, moviendo las caderas, mordisqueando convulsa mi hombro.
—¡Ay!
—¿Qué?
—Cielo, cuidado, que me devoras — le suplico.
—Calla, calla, déjame hacer —vuelve a repetir ignorando mi dolor.
Todo yo soy cabalgado, espoleado, absorbido por el ansia devoradora. Siento que muero, pero el placer me anestesia, me abrasa. Y entonces me dejo, me dejo, me dejo... Hasta que suenan rítmicos golpes en el cabecero de la cama: ¡Dios, es mi cabeza!
—Cielo, cielo, me estás matando —le digo con voz ahogada.
—Um, lo sé. ¿Te gusta, eh?
—Sí, sí. No. No. Sí, pero…, ¡oh, cielo, cielo…!
Mis jadeos la enervan más. Clava las uñas en mi hombro y yo casi agonizo. Saltan lágrimas de placer desesperado, sudo, me agito, jadeo, me agoto.
Y mientras sus mordiscos provocan agitaciones y un seísmo alborota mi carne magullada, pierdo el control del misil.
—¡Me muero! — claman sus labios justo cuando el cuerpo le estalla, se desintegra todo y a sacudidas me vacío en su interior.

No puedo moverme. Cierro los ojos y la siento acurrucarse mimosa sobre mi pecho mientras suspira feliz:
—Ha sido glorioso, ¿verdad cielin?
No puedo contestar. Me siento como un resorte roto
—¿Estas bien? —pregunta separándose un poco.
—No tengo palabras —respondo.
Se incorpora, enciende un cigarrillo y observa mi imagen: la cabeza desmayada, la boca entreabierta, las pupilas absortas y el pecho palpitante.
Abro los ojos y encuentro su mirada vencedora. Sigo sin poder moverme. Noto como un hilo de sangre va empapando la almohada. Estoy asustado, temo que esta vez no sea suficiente ponerme otra tirita.
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(3º Premio en el concurso “Imágenes” del Foro Cafedeartistas (allí con el polémico título: "¿Violencia de género?")

6 comentarios:

Ditzah dijo...

Ves como te funciona?

hanksiolitico dijo...

No sé, ¿tú no puedes entrar pinchando en la dirección que pones? Así acabo de entrar, todofunciona ¿no?

Elena dijo...

Me encanta lo de la mirada triunfal.

marke dijo...

Jajajaja, este me encanta, tú ya lo sabes, que te lo he dicío mil veces, pero los que lean esto no. Insistiría en lo 'visual', pero en este caso haría trampa: la imagen está, efectivamente, en mi retina.

HEBRAS DE SOL dijo...

Desde que comencé a leer todavía no he parado . Me interesa tanto desde el punto de vista formal como de contenido . No me he perdido ni una coma ( y ya se sabe lo importante que son las comas...).Te seguiré los pasos . Besos . Ely .

Sinuosa dijo...

Gracias por dejar tu huella, Ely.
Veo que has empezado por los relatos más antiguos. Espero que cuando llegues a la actualidad encuentres que he mejorado. Sino estamos apañás, hija mía, jajaj
Em serio, me importa mucho la opinión de alguien que tanto sabe de letras.
Un beso.

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