—¿Diga?—Jorge, soy papá. ¿Qué tal estas cariño?
—¡Papá!, ¡que bien!
—Que contento estás, ¿eh?
—¿Vendrás este fin de semana a buscarme?
—No, hijo. Me han surgido problemas. En otra ocasión, ¿vale?
—Jo, siempre dices lo mismo. Me lo habías prometido.
—Ya lo sé, hijo. No te enfades. Te juro que iré a buscarte muy pronto. Bueno… ¿Y que tal tu madre?, ¿sigue saliendo con ese tipo?
—Sí. Pero, ¿cuándo me voy contigo?
—Pronto hijo, pronto. Pero dime, ¿el tipo ése está ahora ahí, en casa?
—Sí.
—Pero, ¿qué pasa, se va a quedar a dormir ahí?
—Sí, claro.
—¿Cómo que claro? ¿Cuántas veces ha dormido ahí?
—Muchas. Va a vivir aquí. Pero, papá, ¿qué día vendrás a buscarme?
—¡¿Cómo?, ¿que va a vivir ahí?!
—Sí. Es un mierda, y ayer mamá me castigó porque no le obedecí.
—¡¿Cómo?, ¿por desobedecerle?!
—Sí.
—Deja ya de llorar hijo, que ya tienes diez años. Escúchame. Que no me entere yo que obedeces a ese imbécil. Sólo debes obedecerme a mí, que para eso soy tu padre. Ese tipejo no es nadie para darte órdenes, ¿me has entendido?
—Sí, papá.
—Dile a tu madre que se ponga inmediatamente.
—Mamá dice que no tiene nada que hablar contigo. Pero, contéstame papá, ¿qué día vendrás?
—No seas pesado Jorge, por favor, ya te lo diré. Venga, dile a tu madre que es urgente.
—Pero…, papá…
4 comentarios:
Sinuosa y los niños... les pones voz. Chapeau siempre.
Todo está no en lo que se dice, sino lo que se siente, las palabras y el corazón desfasados, las mentiras, los sentimientos en lugares diferentes. Ese chico doliendo, ese padre celoso. Es un escrito sutil, como pinceladas fuertes sobre la tela de la vida. Me encanta, Sinuosa, un beso.
Tensión, efectivamante. Ahí está la cosa.
Un tema muy actual. El niño parece importarle una mierda, pero que su ex esté con otro le revuelve la sangre. Qué triste.
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